... o matar al mensajero

Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron”. (Juan 1, 11)

No es pesimismo. Son hechos. Y un reto.

El Mundo actual, pese a su indudable progreso en tantísimos aspectos, sigue siendo el mundo reflejado en el mito de  la Caverna de Platón (Siglo IV a.C.) donde la figura o papel de “profeta” es representado por el intrépido habitante que un día decide salir al exterior de la misma y allí descubre la diferencia entre los objetos y las sombras que proyectan y, maravillado por lo que ha comprendido, regresa feliz ante sus compañeros para compartir con ellos su gran descubrimiento, que es revelador de una nueva realidad en forma de vida nueva. Pero éstos, recelosos ante  la novedad de su mensaje y lo arriesgado o incómodo del cambio, prefieren seguir como están, deciden acallarlo y le dan muerte.

No es pesimismo. Son hechos vigentes, actuales, pues hay muchas maneras de ser “matado”. Y, en este sentido, el hecho de  significarse o manifestarse genuinamente al margen del discurso dominante o de  los dogmas sociales preestablecidos, te convierte de facto en “candidato al linchamiento” en alguna de sus múltiples formas, todas aflictivas, todas “mortales” aún si no acaban físicamente contigo y parecen limitarse a la calumnia, la difamación o el desprecio.

Hechos reales, en absoluto casuales y sí en cambio pertinentes, pues están concebidos en el guión de la vida y por tanto previsibles; plato fuerte, en verdad,  en el “menú del día” que es el vivir cotidiano, servido  automática y permanentemente en la mesa de esta sociedad de comensales ciegos o  adormecidos que somos todos; de  autómatas que no saben que lo son. Como aquellos arquetípicos  personajes de la Caverna,  recorriendo la historia ocultos  bajo el disfraz de cada época, pero siendo los mismos de siempre… La vida en el Samsara, repetitiva, cíclica y aflictiva,   que sigue viva en nosotros: seres recelosos ante  lo nuevo e inventores del axioma “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que no presagia cosas buenas al profeta anunciador del futuro y de cambios. Ni a nadie, en verdad, por su explícito rechazo del bien.

Escribo esta reflexión al hilo de mis anteriores artículos como los titulados LA VIDA EN UNA MONEDA y OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE, entre otros, con la intención de matizar y concretar algunos puntos esenciales. Y como una necesidad personal de hurgar en mis adentros.

El contexto, pues,  es el descrito en mis anteriores artículos  en torno a la característica fundamental de la vida humana, que es el  dilema; es decir, la experiencia del vivir determinada por la oscilación entre polos o pares opuestos: como el formado por el par “bueno/malo” o el de “virtud/pecado”, por ejemplo. Anunciada en el Génesis bajo la denominación de “Árbol del conocimiento del Bien y del Mal”, metáfora del vivir cotidiano  que  alude a la práctica o experiencia completa desde  un extremo al otro, con los incontables matices que median entre ambos; práctica o experiencia del vivir cotidiano, dotada además de carga moral y por tanto sometida a juicio, sancionable y castigada.

Esta es la base sobre la que se inspira y sostiene la vida humana; el punto de partida de un proceso que arranca en el instante mismo en que tomamos nuestra primera bocanada de aire al nacer: inspiras el aire de la atmósfera por ti mismo y quedas enganchado a la vida y al “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”.

Tenlo presente: una inspiración te incorpora a la vida al nacer, y una expiración te retira de ella al morir. Y entre ambos hitos, te aguarda una sucesión de experiencias ineludibles en forma de dilema continuo, que es la vida humana.

El  “Árbol bíblico” hecho realidad,  sencillamente. Lo cual confirma el paso del anuncio o “pronóstico” de una vida con sufrimiento reflejado en el Génesis, a la definitiva consumación del mismo. Es decir, a una vida donde la aflicción y  dolor se alternan con otros de alegría…, sin evitación ni control posibles por parte de la persona.

Esta es la realidad. La vida humana es como una moneda lanzada al aire y, sea cual sea la cara que muestre al caer, siempre va acompañada de la otra, que también se hará visible ante ti. Ambas coexisten y, el hecho de que una se muestre o haga consciente, avisa del simultáneo nacimiento de la otra, a la que alguien dará forma con su comportamiento mientras tú interpretas la tuya propia. Ese “otro” será tu opuesto, como tú lo eres para él. Una situación que es  absolutamente natural dadas las premisas básicas de la vida, como sin duda comprendes, pero que nuestra ignorancia convierte en campo de batalla y confrontación.

Sí amigo, estoy hablando de la vida humana. De cómo funciona, y no de cómo la juzgamos nosotros que apenas somos la versión moderna de aquellos confundidos personajes que habitan en el interior de la Caverna creyendo que las sombras que ven proyectadas en la pared, es la realidad.

Así discurre nuestra existencia a la que nuestros antepasados llamaron "samsara"; vivimos creyendo que avanzamos camino, cuando en verdad nos movemos en círculo, como en una noria..., repitiendo y repitiendo las mismas experiencias, "mareando la perdiz", como decimos por aquí: buscando fuera lo que está dentro. En esa situación. Por tanto,  no te preguntes más por qué sufres: sufres porque estás atrapado ahí.

Y el “ahí” es donde  estamos todos desde el nacimiento. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que salgamos de nuestro error accediendo al exterior de la Caverna, y descubramos  la diferencia entre los objetos reales y las sombras que producen, siguiendo con la metáfora o alegoría de Platón. Un viaje que nos hace salir  de la "zona de confort”,  de la rutina, del círculo y del atrapamiento...   Gran aventura ésta  que no termina con dicho descubrimiento, sino con el regreso al interior donde aún permanecen nuestros ignorantes compañeros…, personas que no piensan como nosotros ni aceptan nuestra novedad. Los “opuestos”, que acaban de nacer a esa función de oposición al propio tiempo en que nosotros hemos nacido a la nuestra.

En efecto, la vida es una moneda con dos caras opuestas y unidas. Y esta es una gran verdad a tener muy presente, porque en el mismo instante en que aflora un impulso/imagen  en tu consciencia, se activa su “opuesto” en el inconsciente colectivo de la humanidad y alguien de “afuera” lo pondrá en marcha ante ti, activándose incluso la formación de “grupos afines” de uno y otro lado, polarizados y  enfrentados entre sí.

La vida es así, en efecto. Y también lo es nuestro cuerpo, cuyas caras opuestas llamamos frente y espalda respectivamente. Ambas van juntas y unidas; ambas son igualmente necesarias, pero solo vemos o conocemos el frente y, a partir de ello, construimos la base, única, de nuestra identidad, de lo que somos o creemos ser, que se reduce a ¨lo visible de nosotros, conocido y consciente”. De este modo, la espalda, que es la otra cara o parte de nosotros tan importante y necesaria como la frontal, resulta excluida de nuestra identidad, de lo que somos. La razón de ello, es esta: que no se ve, simplemente. Y ahora, observa: para ver lo que no se ve, como nuestra espalda, necesitamos un espejo que nos devuelva su imagen, ¿comprendes? Y, en la vida sucede igual. Hay mucho que no vemos y  muchos espejos facilitadores de visión que tampoco vemos.

Pues bien…, ahora ya estamos ante el escenario que sugiere el título de mi artículo  configurado por el “Profeta frente a sus paisanos”, con el  que no pretendo hablar de Jesús sino de ti,  de mí y de tantos más…; y de nuestra aventura posible como miembros integrantes de un colectivo humano que atisban otra manera de vivir y otra realidad. Un Mundo Nuevo, más allá de la Caverna, cuya proclamación nos convierte en profetas anunciadores del futuro, al igual que aquel intrépido habitante de la Caverna tras descubrir el mundo de afuera, nuevo y auténtico… “Profetas” menores, aprendices entusiastas como niños, pero profetas en todo caso y en consecuencia: expuestos o mostrados como “una cara de la moneda”, frente a la otra que inevitablemente te acompañará siempre y acabará negándote… Como a Jesús, en la cita evangélica con la que inicio este artículo: “…Y los suyos no le recibieron…; que dio paso a la popular sentencia de que “nadie es profeta en su tierra”, tan explícita.

Expuestos. Presentes y visibles ante tu “patria”, que es el mundo globalizado, tu país, tu pueblo, tu casa y familia, tus allegados…, y finalmente TÚ. Tú solo, ante ti.

Y, aunque en esta relación apareces citado el último, sabe que en la experiencia real, TÚ eres el primero: el desencadenante del proceso, y aún más.  Eres el “Creador” y tu Obra; el primero y lo último. Eres Todo: el Tú/ Yo, y los “opuestos”. Eres la “moneda completa”, en todo momento y lugar.

Sobrecogedora afirmación, sí. Y verdadera, que nos enfrenta a la decisión cumbre de todo ser humano, que es la aceptación de sí mismo, sin eufemismos ni disfraces. El reto.

Respira hondo. Mas  no temas, pues nada está en tu contra aunque lo parezca, sino a favor. Los “opuestos” no existen al margen de ti ni  para impedir tu “obra”, sino para que la realices siguiendo el guión donde ya está previsto el desenlace; para que te ajustes a él y logres así tu objetivo. Créetelo. Todo vive en ti y rema en la misma dirección. Y cualquier otra idea es pura ficción: “sombras”  como las de la Caverna, que a ti no pueden confundirte ya, aún si la mayoría social comulga con ellas.

Acéptalo. Asume esa realidad humana donde tú y otros sois (somos) minoría frente a un grupo que aparenta ser más numeroso. O quizá no lo sea y simplemente se muestran   más visibles,  o más influyentes porque viven con nosotros: los próximos… ¡Familia!. Qué más da, en el fondo, frente al cúmulo de circunstancias  que compartimos y  vivimos de manera colectiva. La diferencia, lo que nos distingue, es “el lugar del alma” desde el cual intervenimos en ellas; la consciencia pura y sincera,  compasiva y sin disfraz conque afrontemos los hechos y las oportunidades.

¿Qué hacer, pues?

Llegados a este punto en el que uno se reconoce “moneda completa”, solo queda una única actitud  ya conocida y que ahora se refuerza ante ti;  una SOLA, donde caben todos los caminos, incluidos los que cuestionan o niegan el tuyo, que es: ADMITIR al OTRO en tu vida, lo cual no significa seguir sus pasos o hacer lo que él, sino aceptarlo sin objeciones.  Aceptación por tanto de los “otros”, de todo lo “otro” tal como es y en lo que hace, pues está al servicio del Plan y, entre sus funciones – grábate esto en tu corazón- se halla la de servirnos de pantalla o espejo donde se proyecta lo oculto o desconocido de nosotros,  nuestras represiones, lo que no nos gusta y que ocultamos por inconveniente o indeseable. Como también, y al propio tiempo, lo es   de nuestras aspiraciones más nobles y elevadas, reprimidas por el sentimiento de indignidad e inmerecimiento nacidos de nuestra creencia en el llamado “pecado original”, que nos condiciona y limita. Es decir,   del contenido real del Alma que llamamos SOMBRA (concepto psicológico comparable a la espalda corporal, igualmente invisible) con todas nuestras desavenencias internas, que ahora y tras ser descubiertas, podrán al fin ser aceptadas y amadas  por nosotros mismos que somos sus dueños…,  abriendo de ese modo la puerta a una etapa de bondad. Este es el EL RETO, previsto y esperado desde el origen de la Creación.

Amadas…, digo una vez más.  Sin romanticismo innecesario, pues el Amor es ante todo una actitud: la de UNIR.

Medítalo. Ama el que une o integra. Por tanto, y puesto que tenemos una cita integradora pendiente con nosotros mismos,  todos somos o estamos llamados a ser Profeta, a darle vida. Incluso si ahora solo somos indiferentes o detractores  de ellos manifestados  en otras personas.

Este mundo está necesitado de profetas, siempre.

Félix Gracia (Marzo 2023)

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